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domingo, 29 abril, 2007

Déficit Atencional con Hiperactividad (TDAH) y Creatividad: Una nueva mirada

Por Lissette Farias - U. de Chile

Resumen: El Trastorno por Déficit Atencional con hiperactividad (TDAH) es hoy un tema que despierta gran interés, tanto por su nivel de prevalencia que se sitúa entre 3 y el 5 % en los niños de edad escolari, como por sus consecuencias en el desarrollo del niño, su familia e integración social-escolar.

Desde que Still, en 1902, describió por primera vez un grupo de niños con diversos grados de agresión, hostilidad, conducta desafiante, desatención e hiperactividad, los intentos por conceptuar y validar un síndrome que pueda agrupar este conjunto de síntomas han sido múltiples. Siendo las modalidades de tratamientos, como las visiones sobre el TDAH aún diversas, variando desde los enfoques farmacológicos, conductistas, cognitivos, entre otros.

En el presente ensayo se pretende abrir la discusión sobre una posible visión desde la Creatividad como medio para la comprensión de el o los posibles orígenes de las dificultades que manifiestan en su desempeño los sujetos con TDAH, dentro del marco de la Terapia Ocupacional, con el fin último de proveer, mejorar y/o desarrollar habilidades necesarias para su máxima funcionalidad e integración social.

Palabras clave: Desempeño ocupacional del niño en edad escolar, enfoque conductual, enfoque cognitivo, farmacológico, estrategias creativas, distanciamiento, ambigüedad y valoración diferida.

Según el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV), la característica esencial del trastorno por déficit de atención con hiperactividad es un patrón persistente de desatención y/o hiperactividad-impulsividad, que es más frecuente y grave que el observado habitualmente en sujetos de un nivel de desarrollo similar.

Las deficiencias atencionales se manifiestan en situaciones académicas, laborales o sociales con un deterioro clínicamente significativo de éstas (DSM-IV, Criterio D). Lo anterior, tiene especial relevancia para la Terapia Ocupacional puesto que, el desempeño ocupacional del niño en edad escolar se basa en sus actividades académicas, las cuales le proveen de experiencias para desarrollar, aplicar y refinar tanto sus habilidades motoras como sociales y afectivas; por lo tanto, la manifestación de deficiencias significativas en actividades escolares, tendría un impacto sobre el desempeño escolar del niño con su consecuente repercusión en las esferas socio-afectivas.

Un ejemplo utilizado como criterio (A1a) en el DSM-IV es que los sujetos afectados por este trastorno pueden no prestar atención suficiente a los detalles o cometer errores por descuido en las tareas escolares o en otros trabajos. Lo cual afectaría el rendimiento académico del niño y su autoestima al no conseguir los logros esperados para su edad; si además agregamos el hecho que su trabajo suele ser sucio y descuidado siendo realizado sin reflexión (Criterio A1b), lo más probable y entendible sería experimentar como desagradables y sensiblemente aversivas las actividades que exigen una dedicación personal y un esfuerzo mental sostenidos, que implican exigencias organizativas o una notable concentración con su consecuente evitación o fuerte disgusto hacia ellas (Criterio A1f).

Debido a las deficiencias anteriormente presentadas y su repercusión en el desempeño del niño e integración social, distintos enfoques han querido dar respuesta al por qué del comportamiento de los sujetos afectados con TDAH. A continuación se presentarán algunos de ellos.

El primero es el enfoque Conductual, el cual ha postulado que los síntomas del TDAH son patrones de conducta inadecuados que pueden modificarse, como cualquier otro desorden de conducta, a través de la variación de estímulos ambientales (antecedente y consecuentes de una determinada conducta), según el principio del Condicionamiento Operante. Por lo cual, la modificación conductual se enmarca en un conjunto de técnicas y un método de investigación, que intenta producir cambios en el comportamiento observable.

Basándose en que cada acción es producto de variables ambientales, por lo cual, la terapia se focaliza en la conducta y en las contingencias reforzantes, haciendo menos probable la ocurrencia de la respuesta no deseada mediante la alteración de las variables ambientales de que es función, pudiendo no prestar atención a la motivación intrínseca del niño ha realizar actividades para facilitar su autorregulación. Siendo el rol del Terapeuta; un facilitador del las respuestas que se esperar a través de un estímulo adecuado.

Una de las desventajas que se puede inferir del uso de este enfoque es la mediación ambiental como eje de la terapia, ya que sin ésta, la desorganización de la conducta del niño es inminente, al igual que; el no logro de una adaptación real del niño a los estímulos del medio, sino más bien una contención de éstos. Lo anterior, pudiese reflejar que la falta de interés por lo racional y motivacional del niño limita la intervención, circunscribiéndola sólo a lo ambiental y contingente a ese contexto, sin facilitar la generalización de la información entregada.

Ahora si bien, el enfoque Cognitivo integra la visión racional del sujeto, enfatizando el rol de los aspectos mediacionales en el aprendizaje y la conducta de las personas (Kendall, Howard y EPPS, 1988), postulando que las fuentes principales de los trastornos psicológicos se encuentran en los conocimientos o pensamientos. De cierta manera, también se termina facilitando (al igual que el enfoque Conductal) al niño el entendimiento y/o descubrimiento de sus dificultades, buscando lograr la conceptualización de éstas para su cambio conductual. La terapia interviene, específicamente, en las conductas impulsivas e hiperactivas del niño, focalizándose directamente en las habilidades que fomentan la capacidad autorregulatoria, promoviendo el desarrollo de un diálogo interno, que activa el darse cuenta de los procesos de pensamiento (Kendall, 1984ª).

Siendo el Terapeuta “nuevamente” un mediador del ambiente, ahora; interno del niño, con el objetivo de tratar de modificar la conducta y sentimientos, actuando sobre los modos de pensar para que el niño logre interiorizar sus conductas, entenderlas y así poder cambiarlas, sin prestar aparente atención a lo motivacional e intrínseco o a los recursos ya existentes en el niño para su autorregulación, que lo ayuden a mirar su ambiente desde otro punto de vista, utilizando sus propias herramientas creativas no descubiertas o utilizando herramientas creativas entregadas desde la Terapia Ocupacional.

Finalmente, el enfoque farmacológico sitúa al TDAH en los trastornos neurocomportamentales, siendo los medicamentos más usados en Chile, los psicoestimulantes, tales como el metilfenidato (Ritalín), Dextroanfetamina (Dexedrina), Pemolina (Cylert) y Deanol. También se prescriben tranquilizantes del tipo de la Tioridazina y Clorpromazina (Valdivieso y Céspedes, 1980). Entre las ventajas de la terapia farmacológica, se plantea que, aún cuando el uso de estimulantes no afecta las habilidades cognitivas más generales (razonamiento reflexivo y resolución de problemas), habilidades como la atención, se fortalecen, lo que ayuda al niño a planificar y controlar sus respuestas, mejorando la calidad de sus tareas escolares (Lahey et. al., 1979). Pero, a pesar de los beneficios de este tratamiento, su eficacia y extenso uso, ha sido cuestionado por diversas razones, tales como, que no todos los niños responden en forma positiva al medicamento y que su uso no resulta 100% efectivo en preescolares (Cohen et. al., 1981). Además, se señala que alrededor del 70% de los niños con este trastorno responden a los estimulantes, pero al suspender la medicación los logros obtenidos en el control de la conducta suelen desaparecer y que este tipo de tratamiento no aumenta la capacidad de aprendizaje (O'Leary y Pelham, 1978).

Lo anterior, pudiese hacer referencia a la existencia de algo más allá del sustrato biológico de este trastorno, y que el enfoque farmacológico no ha podido cubrir, repitiendo el método de los dos anteriores enfoques (conductual y cognitivo), basado en una mediación externa para mitigar el impulso y nivel de actividad del niño, sin una real introspección por parte del niño de su interacción con el ambiente ni de un desarrollo y/o descubrimiento de habilidades autorregulatorias y/o “creativas” para poder desenvolverse satisfactoriamente en su medio.

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