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domingo, 11 febrero, 2007
La Ocupación como Medio y como Fin
Por Felipe Cabezas - U. de Chile
La sexualidad es la apertura del hombre desde un ser que se siente proyectado hacia los otros y que necesita de los otros, hacia y para su propio desarrollo. El despertar de la sexualidad es un fenómeno biológico complejo, que involucra emociones, comunicación y conceptos acerca de nosotros mismos y los demás.
La sexualidad del hombre es sin duda una parte constitutiva de la persona y de la vivencia humana, con la cual se nace y se muere, que evoluciona, que es dinámica, y a través de la cual se relaciona con otros. Sin embargo, desde tiempos inmemoriales ha sido un gran tabú para muchas sociedades, pero que sin duda ha sufrido variados cambios con los avances del hombre.
Ciertos condicionantes científico culturales han promovido dos grandes cambios, el primera data de los años ‘60 con la irrupción en el mercado de la píldora anticonceptiva, que divide la sexualidad en dos campos uno la posibilidad de engendrar y el otro el de poder disfrutar del placer sexual, el paso que Anthony Guiddens llamaría la sexualidad plástica, o que el catedrático de psicopatología Aquilino Polaino-Lorente describiría como “Del sexo sin procreación a la procreación sin sexo”. La segunda gran revolución viene cursando desde los años ‘80 y supone la aceptación paulatina y el reconocimiento social y oficial de comportamientos sexuales que habían sido catalogados como “desviados”, así por ejemplo, en 1974, la American Psychiatric Association cambió su definición de homosexualidad desde un trastorno mental a un tipo de expresión sexual.
El completo desarrollo del hombre, incluye el poder vivir y expresar su sexualidad en forma plena, pero ¿Cómo llegamos a esto?, sin duda es un largo proceso que se inicia en la niñez y cobra especial relevancia en la adolescencia, pues es él el que debe tomar conciencia y enfrentarse a cambios que muchas veces van más rápido de lo que se logra entender, ya sea por falta de información o por un desarrollo emocional más lento que el físico, y que puede llevar a muchos problemas de salud, área en que se desempeñan los Terapeutas Ocupacionales como profesionales, y que como tales, debe importarles la aparición de cuadros ansiosos, cuadros depresivos, embarazos adolescentes, enfermedades de transmisión sexual, entre otros, dentro del constante dinamismo de la sexualidad en desarrollo.
Ofrecer una adecuada educación sexual a nuestros jóvenes podría ser la clave, pero cómo vamos en contra de la “trivialización” del sexo; cómo logramos enseñar más que una serie de cambios físicos y el uso de métodos anticonceptivos; como logramos entregar una educación sexual holística; y volviendo a las bases del concepto, cómo luchamos cuando la publicidad bombardea día a día con mensajes eróticos y la sociedad de consumo se ha encargado de difundir el mensaje de sexo por diversión. Es sin duda una tarea ardua que tiene a pedagogos y padres en problemas.
Es aquí donde los Terapeutas Ocupacionales tenemos una respuesta que podría marcar la diferencia, y eso es la ocupación, como medio y como fin para la “trascendentalización” del sexo; mirar el acto sexual y la sexualidad como más que una mera actividad placentera, o divertida, si no que devolver el valor, el sentido y el significado a una de las actividades humanas, para lograr la trascendencia por excelencia, al proponer un programa de educación sexual. Sería bueno entonces, volver a dar una mirada a la sexualidad, pero una mirada desde el prisma de la ocupación; volver a tomar conciencia del significado y el sentido del acto mismo y de cómo nos proyectamos en el día a día, incluso como un ejercicio personal para comenzar a volver a humanizar nuestras vidas regidas por los estándares del libre mercado.
Como profesionales de la salud deberíamos ofrecer una nueva mirada al servicio de nuestros jóvenes y también adultos, permitiendo un real desarrollo, dentro de un contexto significativo en esencia, liberando de tanto prejuicio y estigma, permitiendo la liberación de la sociedad, pero en pro de mejoras, no del desenfreno de las perversiones.
Felipe Cabezas
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