Terapeuta Ocupacional: ¿Reproductor o Transformador?
Por Rolando Ramírez y Marjorie Schliebener
La principal herramienta de la TO en su intervención, es la ocupación, que se relaciona con el proceso de realización de actividades significativas para el individuo, y que brindan satisfacción y realización personal. Así, la ocupación, utilizada como medio y fin en el proceso, beneficiaria directamente la salud de la población. De esta forma algunos estudiosos de la ocupación afirman que el ser humano es naturalmente ocupacional, hecho que significaría que lo que le daría sentido a la vida de hombres y mujeres sería la realización de actividades que los lleven hacia la satisfacción de necesidades y autorrealización personal, considerando tanto los factores internos, así como contextuales donde el ser humano desarrolla la ocupación.
Según el “Marco de Trabajo para la práctica de Terapia Ocupacional: dominio y proceso”[1], el trabajo es definido como el área que incluye actividades requeridas para involucrarse en trabajo pagado o actividades de voluntariado (Mosey, 1996, p.341). Pero es necesario entender el trabajo no sólo cómo un elemento del individuo, sino que como un producto social, que define a la sociedad como el desarrollo de la humanidad a través del trabajo, caracterizada por el avance de la ciencia y la tecnología que se plasma en la relación del hombre, su herramienta y la naturaleza en el proceso del trabajo mismo.
Según cifras oficiales del gobierno de Chile, la jornada laboral tiene por duración 45 horas semanales, sin considerar la gran cantidad de personas que se desempeñan en un régimen laboral de subcontratación donde estos horarios difícilmente son respetados o que realizan más de 1 trabajo diario para poder cubrir sus gastos. Éstos datos nos indican que prácticamente la mayor cantidad del día la persona se encuentra necesariamente ligada a una jornada laboral u ocupación de trabajo, relegando a una reducida cantidad de tiempo los otros aspectos como por ejemplo el juego, ocio, cuidado personal, etc. los cuales además muchas veces se desarrollan en función del trabajo ( ej: tiempo libre destinado sólo al descanso)
En el libro “¿Lo estamos pasando Bien?, de Erna Imperatore, dice que “el trabajo tradicionalmente se ha descrito como algo tedioso y opuesto al goce, lo que muchas veces nos impide desarrollarlo con toda la creatividad que somos capaces de aplicar”[2]. Además menciona que “sin embargo, la mayor traba para disfrutar de la jornada laboral somos nosotros mismos, limitados por condicionamientos culturales que provienen de la época de la revolución industrial, cuando el Hombre perdió gran parte de su libertad para convertirse en una especie de máquina productiva”[2].
El hecho de que el hombre se convierta hoy en una herramienta dentro del proceso de producción es una consecuencia y a la vez un requisito para la existencia de la actual dinámica económica que hegemoniza a nivel mundial, y que es el Capitalismo o Neoliberalismo. Aquí podemos identificar en el proceso de producción la relación de dos grupos diferentes, un grupo de personas que es dueña de los medios necesarios para producir (maquinaria, materia prima) y otro grupo mayoritario que vende su fuerza de trabajo, los trabajadores, para completar el proceso de producción. Dentro de esta dinámica el trabajo realizado se caracteriza porque el trabajador no participa mayormente en las decisiones dentro del proceso y no es propietario del producto que realiza, esta situación de separación del productor con el producto de su trabajo se le da el nombre de trabajo alienado, donde la persona es considerada como una herramienta objetivada, sufriendo la expoliación del producto, de su propia actividad y en ultimo término, de sí mismo[3] .
Siguiendo con la revisión de conceptos dentro de la Ocupación, vemos la importancia que le dan a éste tema en particular, Townsend y Wilcock. Estas autoras sostienen en su texto Justicia Ocupacional que “Los humanos participan como interdependientes, agentes activos en ocupaciones definidas culturalmente que determinan su salud y calidad de vida.”[4]. Sostienen además que “es cierto que la motivación personal y la energía hacen la diferencia, pero la organización de sociedad es una fuerza poderosa en determinación aún cuando no sea una ventaja limpia, malos tratos, exclusión de oportunidades, y dominación de algunos adultos mientras que otros son negados de ese poder de acción”[4].
Estas definiciones y conceptos dentro de la Ciencia de la Ocupación, poseen gran relevancia porque dentro de esta perspectiva se considera realmente el contexto donde se realizan las ocupaciones, dentro de la sociedad, y no solamente en el reducido espacio cercano de quien las realiza, denotando con esto que el ser humano no desempeña sus ocupaciones “puramente” a voluntad, sino que está determinado en gran medida por su posición social y relación de producción en torno a la economía y al trabajo, lo que genera según palabras de las autoras que existen “relaciones de poder inequitativas en las cuales algunos son provistos de poder para manejar sus vidas, mientras que otros permanecen explotados, marginados, sin poder, subordinados culturalmente, o abusados”[4].
Podríamos pensar que esta realidad sólo se adscribe en el sector de trabajadores industriales, donde el producto de trabajo correspondería a alguna mercancía visible, pero también podemos encontrar esta realidad en el sector de trabajadores profesionales, donde la mecanización de los servicios, la burocracia y la creciente influencia de este sistema de control ayudan a que la imaginación vaya jugando cada vez más un menor papel en el trabajo profesional, sobre todo de aquellos que no se encuentran en los lugares de toma de decisiones (políticas) de programas de alcance social”[5]. A las consecuencias patológicas del cansancio y agotamiento físico y mental producto de esta situación se les caracteriza con el nombre de Burn Out , que se traduce en una amplia gama de síntomas, tales como: trastornos del sueño, afecciones psicosomáticas, intranquilidad, incapacidad de concentración, etc.
¿Podríamos afirmar entonces que las condiciones de trabajo actual enferman?
Wilcock plantea que “para que la salud y el bienestar sean experimentados por los individuos y las comunidades, el involucramiento en ocupaciones necesita tener significado y ser balanceadas entre las capacidades, proveer óptimas oportunidades para desear el crecimiento de individuos o grupos, ser lo suficientemente flexible para desarrollar y cambiar de acuerdo al contexto y la elección, y ser compatible con la sustentabilidad de la ecología”[6].
Pero, ¿Se cumple esta relación de salud y ocupación aplicada a las condiciones actuales de trabajo en nuestra sociedad?
No es casual o azaroso que hoy existan estadísticas tan altas de estrés y depresión, como tampoco es casual que esta situación se de mayormente en la edad productiva de las personas, entre los 20 y 40. Las condiciones laborales que más afectan el estado de salud del trabajador, sobretodo su salud mental son: descansos infrecuentes, turnos y horas de trabajo largos; trabajos frenéticos y de rutina que tienen poco significado en sí mismos, no usar las habilidades de los trabajadores, proveer poco sentido de control, falta de participación de los trabajadores en la toma de decisiones, falta de una política favorable a la vida de familia, expectativas de trabajo mal definidas o imposibles de lograr, demasiada responsabilidad, demasiadas funciones, inseguridad de trabajo y falta de oportunidad para el crecimiento personal, o los problemas ergonómicos[7].Una de las consecuencias más recurrentes que estas condiciones laborales provocan es el estrés laboral, éste se define como las nocivas reacciones físicas y emocionales que ocurren cuando las exigencias del trabajo no igualan las capacidades, los recursos, o las necesidades del trabajador.
Es en éste punto donde nos preguntamos cómo los cientistas ocupacionales y terapeutas ocupacionales, abordamos las problemáticas que surgen en el marco de una ocupación alienada.
Desde la intervención más tradicional, la alternativa más usual, sería desde un punto de vista funcionalista, restituir las capacidades para la normalización, separando los aspectos del humano en dimensiones no relacionadas, y adaptar a las personas que vienen con alguna “alteración ocupacional” a su rutina ocupacional, donde se gestó el problema, pero ahora maquillada. O podemos operar desde una perspectiva crítica, perfilando teórica y prácticamente nuevas realidades, que permitan desarrollar materialmente lo ideal que se escribe acerca de la ocupación, como manifestación de salud, bienestar, transformación y poder, y no sólo como un medio de trabajo.
Por esto es de suma relevancia, como estudiosos de la Ocupación, la cual consideramos como intrínseca del ser humano, que veamos realmente el contexto social y las características donde se desarrollan estas ocupaciones, tanto histórico, económico, cultural, etc., y no de un escenario aislado, abstracto e ideal, donde la ocupación pierde toda materialidad para pasar a ser sólo una idea manejada a voluntad, en iguales condiciones por todos, y menos aún partiendo de la idea de que por el sólo hecho de realizar una ocupación, ésta será automáticamente saludable para la persona.
Entonces, ¿Cómo superar la contradicción que significa plantear la realización personal a través de las actividades con significado y propósito, siendo que la Terapia Ocupacional participa en la inserción de personas a este contexto de trabajo alienado? Pensamos al respecto, que si no nos hacemos parte de la solución, somos parte del problema, y es bajo estas condiciones que nos cuestionamos finalmente, Terapeuta Ocupacional: ¿Reproductor o Transformador?
Referencias
1. Asociación Americana de Terapia Ocupacional,
Marco de Trabajo para la Práctica de la Terapia Ocupacional: dominio
y proceso, 2002
2. Emperatore, E., ¿ Lo estamos pasando bien?,
2002
3. Marx, C., Manuscritos Económico –
Filosóficos, E. Centro Gráfico, 2005
4. Townsend, E., & Wilcock, A.; Occupational
Justice, 2002
5. Foladori , H., BURN OUT: El trabajo psíquico
con equipos de salud, Publicaciones Área 3, 2006
6. Wilcock, A., Una perspectiva ocupacional en salud.
7. “ El estrés en el trabajo”,
disponible en Internet : http://www.latinsalud.com/articulos/00956.asp?ap=5







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